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Cuando utilizamos por primera vez nuestro ordenador, con Windows como
sistema operativo, va como la seda. Se inicia con
prontitud, abre los programas rápidamente, la navegación en
Internet es fluida... Al cabo de un corto periodo de tiempo
observamos que empieza a ir lento, cada vez más lento. Tarda en
iniciarse, al intentar abrir una aplicación, en algunos
casos, se eterniza, los juegos se hacen insoportables por su
parsimonia...
Son varias las causas que ralentizan un
ordenador. Los programas que se cargan en el inicio son
demasiados, cada vez más. Se ejecutan servicios y procesos
innecesarios; algunos lo hacen sin nuestro permiso, dependen
de aplicaciones que se han instalado en el equipo sin
nuestra autorización. Además el archivo o archivos que
contienen los datos del registro van engordando poco
a poco; se almacenan referencias innecesarias, algunas de
aplicaciones desinstaladas o de documentos borrados. También
el disco duro se fragmenta, obligando a que el acceso a
archivos sea a saltos.
¿Qué podemos hacer para recuperar velocidad? No hay una
fórmula mágica que devuelva el sistema a sus orígenes.
Existen métodos de optimizaciones específicas que ayudarán a
recuperar fluidez. Estos son algunos:
1. Mayor velocidad en el arranque: En muchas
ocasiones podemos desactivar ciertas aplicaciones que se
ejecutan en el inicio. Algunas están ahí porque se han
colado sin que nos hayamos enterado. ¿Cómo podemos
anularlas?
- Vete a Inicio \ Ejecutar y escribe
msconfig.
- Activa la pestaña Inicio.
- Desmarca, en el recuadro que está a la izquierda de
cada aplicación, las que consideres innecesarias y, al
reiniciar el sistema, no se cargarán las que hayas
desmarcado. (En Windows XP las puedes desmarcar todas y
el sistema se iniciará sin problemas, aunque, algunos
programas necesarios, como el que activa la protección
proporcionada por el antivirus, no se ejecutará. Si las
desmarcas y reinicias el sistema, observarás una mayor
rapidez. a partir de aquí, podrás ir activando una a
una, con reinicio incluido, para comprobar resultados).
2. ¿Qué procesos ralentizan el sistema?:
Hay programas que, al ejecutarse, inician procesos que
absorben muchos recursos, tomando, en algunos casos, todo el
control de la CPU. Habría que averiguar cuales son esos
procesos. El Administrador de tareas de Windows (Ctrl
+ Alt + Supr) nos puede servir, pero nos suministra una
información incompleta. Es mejor utilizar
Process Explorer, una herramienta que además de
mostrarnos el consumo de CPU de cada proceso, nos permite
eliminarlo (botón derecho del ratón sobre él y selección de
Kill process, o pulsación de la tecla Supr) o conocer todos
los detalles del mismo (panel inferior y también, para más
información, botón derecho y selección de Properties...):
todos los programas y librerías implicadas, entre otros
datos. Si después de eliminar un proceso, el sistema sigue
funcionando pero con mayor fluidez, debemos tratar de
desinstalar el programa que provoca ese proceso; siempre que
no sea necesario para nuestras tareas habituales.
3. Limpiar el registro: Son múltiples las
herramientas que tienen como misión eliminar del Registro
de Windows las referencias no válidas u obsoletas. No
existe ninguno que funcione bien, no hacen una limpieza a
fondo. Si escogemos uno gratuito, con un funcionamiento
aceptable, nos decantamos por
CCleaner, (Borra también todo lo que sobra en tu
ordenador: archivos temporales, documentos en la caché,
cookies...). Es conveniente que lo ejecutes,
dependiendo del uso que le des a tu ordenador, al menos una
vez a la semana.
4. ¿Cómo desfragmentar?: Si queremos que todos los
clusters de una aplicación o de cualquier archivo estén
contiguos y, por consiguiente, permitan un acceso y una
lectura más rápida, debemos unir los fragmentos que están
desperdigados de forma desordenada por todo el disco duro.
El propio sistema operativo tiene una utilidad de
desfragmentación (Inicio \ Todos los programas \
Accesorios \ Herramientas del sistema \ Desfragmentador de
disco). Es recomendable utilizarlo, dependiendo también
del uso del ordenador, al menos una vez cada mes.
¿Y si todo lo anterior falla? El sistema sigue más lento
que una tortuga. Sólo queda una solución, no recomendable
por el trabajo que lleva implícito, formatear y reinstalar
el sistema operativo y todas las aplicaciones que utilizas;
cuidándote antes de hacer copias de seguridad de todo lo que
vayas a necesitar y guardes en tu disco duro. Como sabrás,
con este método, lo perderás todo, incluidas las
configuraciones. Es recomendable, antes de tomar la decisión
del formateo, comprobar que dispones de todos los
drivers necesarios: tarjeta de vídeo, tarjeta de sonido,
impresora, escáner... Aunque siempre será posible
localizarlos en Internet, es mejor tenerlos a mano antes de
iniciar el proceso. |