Una cuestión importante que conviene
poner aquí de relieve es que cuando una población alcanza
una excesiva densidad de individuos, el valor de la función
procreadora del sexo se ve considerablemente reducido. Al
final, acaba conviniéndose en un fastidio. En vez de ser un
mecanismo fundamental de supervivencia, se trueca en un
mecanismo potencial de destrucción. Esto sucede
ocasionalmente con especies tales como los lemings y ratones
campestres, que, cuando las condiciones son excepcionalmente
favorables, se reproducen hasta alcanzar una densidad tal
que sus poblaciones hacen explosión caóticamente, con una
enorme perdida de vidas. Este es también lo que le está
sucediendo en la actualidad a la especie humana, y el animal
humano tal vez tenga pronto que enfrentarse a la imposición
de obtener una licencie de procreaclón antes de que se le
permita engendrar nuevos seres.
No es ésta cuestión que pueda ser
tratada superficialmente, y en los últimos años ha suscitado
numerosos y agitados debates. Vale la pena contemplar ambos
aspectos de la discusión, un ejercicio que ha ido haciéndose
cada vez más raro, a medida que los protagonistas se han ido
empujando mutuamente hacia posiciones progresivamente más
extremas.
La cuestión básica es: ¿nos atrevemos a
interferir el proceso procreador? O, como lo enfocaría el
otro bando: ¿nos atrevemos a no interferirlo? Las
controversias suelen desarrollarse en un plano filosófico,
ético o religioso, pero, ¿cómo aparecen cuando las
contemplamos biológicamente?
Si un grupo humano se opone a las
técnicas eficaces destinadas a limitar la procreación,
consigue dos ventajas. En primer lugar, engendrará más
rápidamente que los grupos que emplean modernos medios
anticonceptivos. Al aumentar en número, puede esperar
eliminar finalmente a los otros. En segundo lugar,
garantizará que sus unidades sociales básicas -los grupos
familiares- sean fuertes. Una pareja desposada no es sólo
una unidad sexual, es también una unidad parental, y, cuanto
más parentalmente ocupada esté, mayor será su estabilidad.
Estos son argumentos fuertes, pero
también lo son sus contrarios. Los proponentes de una
anticoncepción eficaz pueden poner de relieve que ya no se
trata de que un grupo venza al otro. La superpoblación ha
pasado a ser una problema de amplitud mundial y debe ser
contemplada como tal. En este aspecto, somos una sola y
vasta colonia de lemings y, si la explosión sobreviene, nos
afectará a todos.
Por lo que se refiere a la unidad
familiar, puede argüirse que la anticoncepción no está
creando una actuación antinatural, sino, simplemente,
creando de nuevo una situación natural. Antes de que
existiesen los cuidados médicos, la higiene y otros medios
de seguridad de la vida moderna, puede que la unidad
familiar haya producido gran número de descendientes, pero
también es cierto que una elevada proporción de ellos se
perdían. Lo único que, aplicado moderadamente, hace el
anticoncepcionismo es anticipar estas pérdidas a un momento
anterior a la fertilización del óvulo humano.
Fuente:
Biblioteca de Divulgación Científica Muy Intersante - El zoo
humano
Autor: Desmond Morris